6 julio, 2022

Zaragoza – Fin de semana desde Barcelona

En febrero de 2022 hemos disfrutado de una escapada a Zaragoza desde Barcelona. La capital Aragonesa se encuentra a tres horas en coche desde Barcelona, y en el camino se pueden hacer algunas paradas interesantes. Este viaje de fin de semana lo hicimos a un ritmo muy tranquilo y no pudiendo exprimir nuestro tiempo al máximo, ya que íbamos con nuestra hija de 11 meses, lo cual dificulta la logística bastante. 

En la ida hacia Zaragoza hicimos una primera parada en el Monasterio Cisterciense de Santes Creus. Este bonito monasterio es uno de los tres que conforman la Ruta del Cister, junto al Monasterio de Santa María del Poblet y el de Santa María de Vallbona. Para visitar cada uno de los monasterios hay que comprar entrada, pero existe la posibilidad de comprar una entrada conjunta que te permite visitar los tres en un periodo de dos años y que, por precio, merece la pena. Esta zona del sur de Cataluña la tenemos pendiente aún por conocer, y eso que tiene lugares muy interesantes para visitar. Queda pendiente una entrada sobre el sur de Cataluña que incluya estos tres monasterios

 

Los inicios del Monasterio de Santes Creus se construyó en el siglo XII, aunque en los siglos posteriores se fue ampliando y cobrando mayor importancia. Es un complejo enorme, con dos claustros, una gran pero sobria iglesia, un palacio real y una estancia enorme donde dormían los monjes, junto a otros muchos recintos. 

Tras la visita al monasterio, proseguimos nuestro camino haciendo una parada técnica para comer en Lérida que se encuentra a medio camino de Zaragoza. Comimos en Bar Bodega Blasi (El Barri), muy cerca de la Seu Vella de Lérida. La comida estaba bien y a un precio aceptable.  Al ser domingo no llegamos a tiempo para visitar ni la Seu Vella ni el Castillo, y como no queríamos que se nos hiciera de noche antes de llegar a Zaragoza decidimos dejar Lérida para otra ocasión. 

Al fin llegamos a la capital maña, y nos instalamos en el Hotel Melia Innside, que nos gustó mucho por su buena localización y por lo nuevas que estaban las habitaciones.

Lo primero que hicimos fue descansar en el hotel y después ir a dar una vuelta y cenar con unos amigos al famoso El Tubo. Se trata de un céntrico barrio de calles estrechas y sinuosas repletas de bares y restaurantes de tapeo. Hay mucho donde elegir pero los locales que más nos gustaron y que nos recomendaron fervientemente fueron Doña Casta, El Champi, La Ternasca y Meli Melo.

 

El lunes por la mañana, después de desayunar en la cafetería del hotel, Manuela, Elena y yo salimos preparados a conocer la ciudad. Zaragoza a pesar de ser una ciudad grande se puede ver relativamente rápido, o esa es la impresión que nos dio. Seguro que tiene muchas más cosas que ver de las que nos dio tiempo o éramos conscientes, pero por resumir, los principales atractivos son: 

  • La Catedral-basílica de Nuestra Señora del Pilar
  • La Catedral del salvador de Zaragoza
  • El Puente de Piedra
  • La Lonja
  • La Plaza de los Sitios
  • Palacio de la Aljafería

Por falta de tiempo, no visitamos ni el Patio de la Infanta ni el Parque de José Antonio Labordeta. Tampoco pudimos visitar ninguno de los restos romanos que se encuentran en el casco histórico (termas, foro, teatro y puerto fluvial), por encontrarse cerrados el lunes. Y por último, tampoco llegamos a entrar en la Catedral de San Salvador de Zaragoza porque no nos habíamos informado de si merecía la pena y no quisimos pagar la entrada de 8 euros. Mas tarde, la guía del Palacio de la Aljafería nos lo recomendó. 

Una de las razones por las que digo que Zaragoza se puede ver rápido, es porque muchos de sus monumentos se encuentran muy cerca unos de otros, como es el caso de la Basílica del Pilar, la Catedral de San Salvador y la Lonja, que se encuentran en la emblemática Plaza del Pilar. Además el Puente de Piedra, de principios del siglo XV se encuentra justo al lado de dicha plaza, y desde él se pueden disfrutar de las mejores vistas de Zaragoza. 

Después de pasear por la famosa calle comercial Alfonso I, visitar la Plaza del Pilar, y en general por todo el centro de Zaragoza, fuimos a comer a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, que nos habían recomendado todos y cada uno de los maños a los que preguntamos, y que sin duda no defraudó: el Restaurante Origen 1952.

Por último, una de las atracciones que más nos sorprendió de Zaragoza fue el Palacio de la Aljafería. Pudiera ser porque no nos habíamos informado muy bien a la hora de preparar esta escapada de última hora y no sabíamos que nos podíamos esperar,  o porque impresiona ver un edificio de estas características en medio de una ciudad, lo cierto es que nos gustó mucho y recomendamos visitarlo si vais a Zaragoza. 

Se trata de un palacio fortificado construido por los musulmanes en el siglo XI. Tiene gran importancia por tratarse del único gran edificio conservado, construido en la época de los reinos de Taifas. El nombre de Aljafería viene del rey que lo mandó construir Abú Yaáfar al-Muqtádir, de Yaáfar paso a conocerse como Aljafería. 

Lo único malo de este edificio es que tiene pocas partes que se conservan íntegras de la época musulmana, ya que a partir del siglo XVIII fue utilizado como cuartel y tuvo que ser bastante maltratado. En la actualidad gran parte de su interior está restaurado, conservando algunas zonas originales. 

Y con esta maravilla de palacio terminamos nuestra visita a Zaragoza. Solo faltaba hacer otra parada de rigor en Lérida para comer en la Cervecería Zeke, que nos entusiasmó, y ver la Seu Vella que no pudimos a la ida. Esta catedral está muy chula pero nos dio la impresión que la tienen bastante descuidada. El interior es muy sobrio, aunque tiene un bonito claustro. No nos gustó nada la organización de las visitas, pues casi nos dejan en la puerta sin poder entrar a ver la catedral habiendo llegado 38 minutos antes del horario de cierre. Solo pudimos entrar a verla acordando no subir al campanario. Supongo que tenían prisa por irse a casa. Además el Castillo de la Suda que está al lado de la Seu se encontraba cerrado al público.

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