4 junio, 2020

Myanmar – Yangón y Loikaw

Viajeros: Elena y yo
Hospedaje: Hotel Lotte (Yangón), Keinnara Lodge (Loikaw), Villa Inle Boutique Resort (Lago Inle), Hilton Mandalay, Popa Mountain Resort (Monte Popa) y Aureum Palace (Bagan). 
Días: 14 días 
Transporte: Avión y coche con conductor
Ciudades: Yangón, Loikaw, Lago Inle, Pindaya, Mandalay, Monte Popa y Bagán
Fecha: septiembre/octubre de 2019

En septiembre de 2019 Elena y yo nos casamos, y decidimos ir de viaje de novios a un país que teníamos muchas ganas de visitar: Myanmar. Ninguno de los dos habíamos estado antes en Asia y la verdad que no pudimos elegir mejor destino.

Nuestro itinerario fue el siguiente:

Día 1: Yangón
Día 2: Loikaw
Día 3: Pueblos de la etnia Kayan (mujeres jirafa) y Kayah
Día 4: Pueblos de las montañas. Yesopra y Hteko
Día 5: Traslado en lancha al Lago Inle
Día 6 y 7: Lago Inle
Día 8: Visita a Pindaya y traslado a Mandalay
Día 9: Visita de Mandalay y Mingun
Día 10: Visita de Mandalay, Amarapura, Ava y Sagaing
Día 11: Monte Popa
Día 12 y 13: Bagán
Día 14: Traslado y visita de Yangón y vuelta a España de madrugada

Volamos desde Barcelona a Yangón, haciendo escala de una hora y media en Dubai, con Emirates. Después de un viaje largo pero muy cómodo y tranquilo llegamos a la ciudad más poblada e importante de Myanmar, Yangón. 

Al llegar al aeropuerto fuimos recibidos por un guía y un conductor con un ramo de rosas. Llegamos al Hotel Lotte dónde nos recibió Ko Ye, el dueño de la agencia con la que viajábamos: Pleasant Myanmar.

El hotel está algo apartado del centro de Yangón, pero en 2019 estaba muy nuevo, las instalaciones son fantásticas y al tener conductor no nos importaba la distancia. La habitación del hotel era espectacular, por lo nueva y cómoda, pero sobre todo por las vistas al Lago Inya. Nos instalamos en la habitación y fuimos a dar un baño en la piscina exterior para relajarnos. Después fuimos a cenar al restaurante chino del hotel, donde la comida estaba buenísima.

Día 1: Visita de Yangón

Paseo por el centro de Yangón
Empezamos en la Calle 41, donde había un mercado callejero, donde pudimos ver productos muy distintos a los que encuentras en un mercado en España. Entre estos productos aprendimos lo que era el «betel», una mezcla de hoja de una planta, tabaco, una nuez machacada llamada areca y cal apagada, que mastican muchos birmanos dejándoles los dientes rojos y bastante feos.

Continuamos el paseo por el centro bajando por la Strand Road, donde se encuentra el Hotel Strand, la Embajada Británica y la antigua Embajada Australiana, entre otros edificios.

Seguimos a la derecha por Pansodan St, viendo más edificios coloniales como el de Correos y la Corte Suprema. Terminamos nuestro paseo en la plaza donde se encuentra el Monumento a la Independencia, un obelisco blanco, frente al bonito Ayuntamiento de Yangón, la Iglesia Baptista Emmanuel y la Pagoda Sule.

Pagoda Chaukhtatgyi
Famosa por la estatua tumbada de Buda de 65 metros de longitud que alberga en su interior. Ko Ye nos contó los detalles de la pagoda y del impresionante buda. Anteriormente, en ese emplazamiento, se encontraba un buda tumbado bastante más grande construido a principios del siglo XX, pero al no haber estado cubierto se deterioró mucho y terminaron destruyéndolo para construir el actual, esta vez protegido por la pagoda.

Salimos de la pagoda  por la puerta de atrás, dando un paseo entre los monasterios en los que se alojan los monjes.

Tocaba parar a comer y nuestro guía eligió un restaurante que nos gustó mucho, el Burma Bistro. La entrada es muy fea y no te esperas el sitio tan chulo que esconde en la planta de arriba. Está decorado muy bonito y la comida estaba buenísima. Nos pusieron samosas de verduras, mojinga, Myeik Noodels, un plato de arroz con gambas y cerdo, brochetas de pollo y de postre tarta de plátano y un té típico con leche condensada, llamado lephetye Como la comida estaba incluida en el paquete no sé decir cuánto costó, pero me pareció ver en la carta que el plato más caro costaba 7.000 kyats (4,15 euros).

Mercado Bogyoke Aung San
Después de comer fuimos caminando hasta este mercado cubierto, una especie de bazar con puestos de ropa, joyas y artesanías. Compramos un par de colgantes para regalar a nuestras madres y Elena se probó la Tanaka en la cara. La Tanaka es una pasta sacada de la corteza de un árbol a través de la fricción con agua. En Myanmar casi todas las mujeres y niños la llevan en la cara, como protector solar y por estética, es el maquillaje del país.

Parque del Pueblo
No tiene tampoco un atractivo especial, simplemente es un parque por el que pasear y desde donde me apetecía ver la Pagoda Shwedagon.

Maha Wizaya Zedi
Templo con forma exterior de estupa, hecho construir por el general Ne Win en los años ochenta. Es un templo más actual pero no deja de ser bonito y está muy cerca de la Shwedagon. Lo mejor es que como ésta es la que acapara toda la atención de los alrededores, Maha Wizaya Zedi estaba prácticamente vacía y podíamos disfrutarla prácticamente solos. El interior está decorado con pinturas de árboles en las paredes y estrellas en la cúpula.

Pagoda Shwedagon
Es el monumento más importante de todo Myanmar y una de las pagodas más importantes de todo el mundo budista. Se trata de una imponente estupa dorada situada en lo alto de una colina.

Por tenerlo claro, existen dos tipos de pagodas en Myanmar: estupas y templos. Las primeras son unos edificios macizos, en forma de campana coronada por una aguja, sin salas interiores, por lo cual no pueden visitarse por dentro. Los templos, pueden tener o no la misma forma que una estupa, como es el caso de Maha Wizaya Zedi, pero sí que tienen estancias interiores. 

La Pagoda Shwedagon es una estupa de 99 metros de alto, rodeada de otras muchas estupas, altares y templos (el recinto completo ocupa 46 Ha). Cubierta por entero de pan de oro y decorada con diamantes y gemas, es la única pagoda en el mundo con reliquias de cuatro budas, entre ellas ocho pelos del último buda (Sidarta Gautama).

Las mejores horas del día para visitarla son al amanecer, por ver los reflejos anaranjados del sol sobre el pan de oro, la temperatura más agradable y por la menor cantidad de visitantes; y al atardecer, también por la mejor temperatura que permite ir descalzo sin cocerse los pies, el poder ver cuando la iluminan al caer el sol, y porque aunque hay bastantes visitantes también puede disfrutarse de una mayor actividad budista y rituales.

Nuestro último día en Myanmar lo pasamos en Yangón, haciendo algunas visitas que se nos habían quedado en el tintero. Una de las cosas que teníamos ganas de hacer era viajar en tren, ya que según pudimos comprobar es toda una experiencia. Hicimos un viaje de 1 hora desde la estación Inn Sein, a las afueras de Yangón, hasta el centro, y comprobamos como los vagones en este país se transforman en un mercado en movimiento. Hay vendedores de verduras, de tabaco, de betel, incluso de gafas graduadas, obreros yendo a trabajar, monjes y militares. 

Kheng Hock Keong
Templo taoista, que se encuentra en el barrio chino de Yangón. Es bastante curioso, y merece la pena acercarse y ver a los fieles chinos ofreciendo flores a las distintas divinidades del templo.

Templo Ngahtatgyi 
En este templo se encuentra la imagen de Buda que más nos gustó de todo Myanmar. Se trata de una estatua de un Buda sentado que mide unos 14 metros, rodeado de tallas de madera muy elaboradas. Da la sensación de ser una imagen de estilo más clásico, sin tanto colores y neones como ponen en otros templos. 

Día 2: Vuelo a Loikaw y visita de la ciudad

Desayunamos en el hotel a las 6 de la mañana porque debiamos estar en el aeropuerto a las 7. Esperabamos encontrarnos con un guía de habla inglesa a nuestra llegada a Loikaw, pero Ko Ye nos sorprendió en el aeropuerto de Yangón, diciendo que sería nuestro guía hasta el Lago Inle. No podíamos estar más contentos. Tomamos el vuelo a Loikaw con parada en Heho (un total de 2 horas).

Nada más llegar nos instalamos en el hotel Keinnara Lodge, el que sería el hotel más sencillo del viaje, debido a que esta zona está menos explotaba por el turismo. Sin embargo nos sorprendió gratamente por la simpatía del servicio, tamaño de la habitación y la agradable piscina. 

Visita al monasterio Pokphayon
Lo mejor es ir por la mañana a la hora a la que los mojes toman su única comida del día. Es todo un ritual, los mojes caminan en fila de dos con sus cuencos, que llenan de arroz y comen rápidamente. 

Visita al mercado central de Loikaw
Durante el viaje visitamos muchos mercados locales, los cuales nos encantaban. Además de conocer distintos productos, se puede ver la vida cotidiana de los birmanos e interactuar con ellos. 

Visita de los Kehtoboh
Columnas animistas para venerar a los espíritus. En Myanmar, la mayor parte de la población es budista, sin embargo también creen en los espíritus y son muy supersticiosos. 

En ese mismo lugar pudimos también entrar en un comedor de una residencia de estudiantes jóvenes.

Visita de una fábrica de tejidos 
Pudimos ver mujeres e incluso niñas trabajando con antiguos telares manuales. 

Antiguo palacio del Sawbwa de la región
Los Sawbwa eran los gobernantes regionales o caciques, antes de la llegada del gobierno militar. Este edificio, después de abandonarse durante muchos años, pasó a ser un monasterio.

Comimos en el Restaurante Iora, comida típica de la región servida en una bandeja de bambú. Comimos ranas secas, arroz blanco y de montaña, ensalada de flor de plátano, pescado con camarones, cerdo, ternera, salchicha kayah, sopa de arroz picante, ensalada de tomates verdes y una sopa de calabaza.

Volvimos al hotel a descansar una hora para luego seguir con las visitas.

Colina de Palma Dorada (Shwe Lewah), Thit Tapin Taung y Taung Kwe
Tras descansar en el hotel, fuimos a ver tres colinas con estupas e imágenes de Buda. La más bonita de las tres es la Taung Kwe, desde la cual hay vistas a la ciudad. 

Día 3: Pueblos de la etnia Kayan (mujeres jirafa) y Kayah

Para llegar a estas aldeas de la etnia Kayan, hicimos un viaje de 1 hora en coche, parando para comprar lápices de colores, aceite, detergente y bollos dulces para las familias que íbamos a visitar. Hicimos otra parada en la Presa Ngwe Taung,  con bonitas vistas y donde pudimos ver dos elefantes a los que dimos de comer.

Llegados a un punto dejamos el coche e hicimos una caminata de 1 hora, haciendo distintas paradas en casas de granjeros con mujeres jirafa de la etnia Kayan. Paramos en la aldea Cherry Kon y en Ran Ku. Acabamos en el pueblo Daw Khi, donde existe mayor número de mujeres de esta etnia.

Nos explicaron que muchas de estas mujeres jirafas emigraron a Tailandia huyendo de la inestabilidad de esta región de Myanmar, de donde son originarias. Sin embargo, los birmanos critican en cierto modo cómo el estado tailandés «explota» a estas mujeres como atracción turística cuando realmente son de Myanmar.

Las personas de estas aldeas viven sobre todo de la agricultura, aunque también hacen una especie de vino que fabrican a partir de mijo, tejen prendas de algodón que cultivan y venden bisutería y prendas a los turistas. Aunque todavía la zona es muy poco turística, cada vez van recibiendo más y esperan que vaya en aumento.

Comimos en una casa de la etnia Kayan en la aldea Pan San, justo antes de que empezara a diluviar. Comimos muy bien y fueron muy hospitalarios. Cómo seguía lloviendo muy fuerte, decidimos no visitar la última aldea de mujeres jirafa que nos quedaba y nos fuimos en coche a un pueblo más cercano a Loikaw llamado Htani La Le. Aquí visitamos una casa de la etnia Kayah. Esta etnia se caracteriza porque las mujeres visten unos trajes tradicionales con pendientes grandes y pesados que dilatan sus orejas. Además en las piernas llevan unos finos aros negros hechos de algodón cubierto de laca, muy duros.

Lagos Kan Khunasint
Fuimos a ver uno de los 7 lagos de la zona de Loikaw, que con las montañas y la neblina que hacía, parecía un paisaje de novela.

Ya en Loikaw fuimos cenar unos platos al restaurante más recomendado por la Lonely Planet: Shwe Let Yar. Tomamos pollo al curry y otro plato de pollo llamado «de soltero» con arroz blanco, otros platillos de verduras, sopa de verduras y cerveza solo por 6.000 kyats. Los camareros fueron muy amables y nos dejaron entrar en la cocina y ver todos los guisos que servían, ya que nuestra elección fue más bien por gestos porque no hablaban demasiado bien inglés.

Día 4: Pueblos de las montañas. Yesopra y Hteko

Nuestro tercer día en Loikaw ibamos a adentrarnos más en las montañas para visitar aldeas muy aisladas de la etnia Kayaw. Al igual que el día anterior compramos ropa para niños, bollería, lapices de colores y detergente para regalar. Condujimos durante dos horas por las montañas hasta Ra E Pra donde dejamos el coche y continuamos caminando durante una hora cuesta arriba entre mucha vegetación hasta un pueblo muy pobre llamado Yesopra. Nada más llegar nos encontramos rodeados pos todos los niños de la aldea a los que repartimos los regalos que traíamos. 

En Ye So Pra vive la etnia Kayaw. Tienen un idioma propio, totalmente distinto al Birmano y algunas mujeres siguen yendo vestidas de la manera tradicional, con dilataciones en las orejas, collares, pulseras y aros dorados en las piernas. Estuvimos un rato charlando con la única familia del pueblo que vimos vistiendo de la forma tradicional, una abuela y dos nietas muy guapas.

Lo mejor del pueblo fue el interactuar con todos aquellos niños. Sorprendía lo tímidos pero bien educados que eran cuando les repartimos los regalos. Por otro lado, daba mucha pena verlos tan pequeños, sucios y descalzos, pero al menos pudimos verlos muy contentos con sus ropas nuevas. También nos sorprendió mucho ver a niños muy pequeños haciéndose cargo de bebés.

Volvimos caminando a Ra E Pra por el mismo camino y subimos al coche para ir a la aldea Hteko donde viven muchas mujeres vestidas con el traje tradicional Kayaw. Estuvimos charlando y fotografiando a un grupo de unas 7 mujeres a las que repartimos regalos y sobre todo betel.

Nos tenían la comida preparada en la casa del alcalde de la aldea. Era la típica de la zona, de madera y bambú trenzado, oscura y con telas de araña por el techo. El menú fue muy parecido al del día anterior, con alguna variante como una sopa de verduras con tallo de platanera y un platillo de coliflor. También me dieron a probar el «vino» que preparan en todas las casas de campesinos elaborado con maíz fermentado, y que me gustó más bien poco.

Estando en mitad de las montañas y teniendo en cuenta que la carretera no era la mejor, una vez comidos emprendimos el camino de vuelta a Loikaw. 

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