14 noviembre, 2019

Cuatro días en Bélgica

Viajeros: Elena y yo.
Hospedaje: Piso de Erasmus de una amiga también llamada Elena.
Días: 3 y medio.
Transporte: Avión Madrid-Bruselas y tren dentro de Bélgica.
Ciudades: Bruselas, Brujas, Gante y Lovaina la Vieja.
Fecha: 02 – 05 de marzo de 2012

Y por fin el viaje post exámenes de febrero llegó. Lo hice con Elena y nos hospedamos en el piso de una amiga suya que estaba de Erasmus en Lovaina la Nueva. Esta amiga fue una buena anfitriona y nos ayudó, no sólo ofreciéndonos cama, techo y desayuno, sino también a movernos en el tren y a visitar Lovaina la Vieja. 

Día 1: Brujas

Cogimos el avión el jueves 1 de marzo por la tarde, y llegamos al aeropuerto de Bruselas ya de noche, el vuelo duró unas 2 horas y media. Desde Madrid habíamos comprado por Internet dos billetes del autobús que nos dejaría directamente en Lovaina la Nueva. Una vez con nuestra amiga e instalados en su piso, fuimos a cenar al apartamento de otros erasmus, y nos fueron explicando como era la vida y sobre todo la noche en Lovaina la Nueva, que ya contaré más adelante.

Al día siguiente, decidimos visitar Brujas, pues era lo que estaba más lejos y queríamos verlo con energías suficientes para recorrerla entera a pie. Quizás el haberla visto la primera fuera un error, porque a mi personalmente, es la ciudad que más me gustó, y si es la primera que visitas lo demás te pueden saber a poco.

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Compramos un billete de tren que se llama Go Pass. En éste, tú escribes la fecha y hora en la que viajas, el lugar desde dónde sales y hacia dónde vas. Cada Go Pass cuenta con 10 viajes, por lo que ir a cualquier parte de Bélgica te cuesta 5 euros. Es importante escribir en el billete antes de subirte al tren, pues en una ocasión, nada más subirnos y antes de que pudiéramos siquiera sacar el boli para escribir, el revisor nos pidió ver el billete y terminó poniendo un aviso en él, por lo que la próxima vez que nos pasara tendríamos que pagar una multa.

Brujas es como una ciudad de cuento de hadas, las calles adoquinadas, las casas de ladrillo, sin que desentone nada. Es una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa. Nos pareció una ciudad preciosa y además se ve en un sólo día.

Estuvimos caminando por sus calles toda la mañana y vimos algunos monumentos como la Iglesia de Nuestra Señora, la placita que hay al lado de esta iglesia es muy bonita y la Catedral de Brujas. Cualquier parte de la ciudad es digna de fotografiar, y los canales que la recorren la hacen aún más fantástica. Todo está muy cuidado, incluso las tiendas y escaparates, los mejores son los de las chocolaterías y tiendas de dulces artesanos, que no son pocas.

Paramos a tomar algo a media mañana en una cadena de comida rápida belga llamada Vincent justo al lado de la catedral. Tomamos patatas fritas que son muy típicas en Bélgica, una croqueta de gambas, una croqueta de queso y cerveza Jupiler.

Llegamos a la gran plaza Markt justo en el corazón de Brujas. En un costado de la plaza hay una hilera de casas con frontones triangulares muy pintorescas, en otro costado vemos el Landhuis o Palacio de la Provincia, de estilo neogótico. Y por último en el lado sur de la plaza encontramos el imponente Belfort que cuenta con un gran campanario de 83 metros, símbolo de brujas.

Unida a esta plaza por una pequeña calle se encuentra la Plaza Burg. En esta bonita plaza se halla el Ayuntamiento, el Palacio de Justicia, la Proodij y la Basílica de la Santa Sangre. Bajo el Palacio de Justicia vemos un callejón abovedado, llamado el callejón del Asno Ciego.

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Fuimos hacia el norte para ver la Plaza de Jan Van Eyck, en la que encontramos una estatua del famoso pintor flamenco. En esa zona hay una iglesia y un canal con unas bonitas casas de colores. Aprovechamos para comer una pizza en un restaurante de la plaza. Bélgica es algo cara para comer. Una pizza en cualquier restaurante normal no te va a salir cara, pero si quieres comer comida belga (más elaborada  que el Vincent) que era lo que buscábamos nosotros, los precios eran exagerados, los platos no bajaban de 20 euros. 

Como podéis comprobar el día nos estaba cundiendo bastante y no serían más de las 16:00, pero es que Brujas es una ciudad pequeña y todo lo que hay que ver está bastante cerca.

Seguimos paseando hacia el sur, con más calma, pues ya estaba casi todo visto, y sólo quedaba pasear por las preciosas calles. Compramos unos souvenirs y estuvimos viendo en un escaparate como fabricaban unas piruletas  enormes.

Por último, cogimos una vuelta en barco por los canales, que nos salió por unos 7 euros cada uno y que estuvo bastante bien, ya que ves la ciudad desde otra perspectiva, tienes un guía que te va explicando cosas sobre los distintos edificios, y llegamos a ver algunas zonas que no habíamos llegado a pie.

Cogimos el tren de vuelta, pero esta vez paramos en Bruselas, para ver un poco el centro y cenar allí. El tren de Brujas a Bruselas tarda alrededor de una hora.

Cenamos en un restaurante bastante turístico llamado Chez Leony cuyos precios eran asequibles. Tomamos un cubo de mejillones buenísimos y un plato llamado Waterzooi que es como un estofado muy típico de la gastronomía belga. El restaurante está al lado de las Galerías Saint Hubert, en la calle Bouchers 18.

Día 2: Gante

Después de levantarnos y tomar un buen desayuno en el piso, cogimos el tren dirección Gante. Se trata de una ciudad preciosa, con grandes iglesias y edificios bien cuidados. Esta ciudad se encuentra a unos 50 km de la capital y en tren se tarda unos 40 minutos desde la estación Brussels Centraal. 

Nada más salir de la estación nos quedamos con la boca abierta al ver el aparcamiento de bicicletas, que más que aparcamiento parecía cementerio de bicicletas, pues muchas tenían pinta de llevar allí varios años.

Cogimos un tranvía que nos llevó al centro, concretamente al edificio de la opera, cerca del Palacio de Justicia, y de ahí fuimos caminando hacia la catedral por la calle Predikherenlei paralela a un canal, y por la que salimos, subiendo unas escaleras, al puente de la calle Sint-Michielsbrug. Aquí fue donde me llevé una de las mayores impresiones del viaje, al mirar a la derecha y encontrarme de frente a la imponente Sint-Niklaaskerk (Iglesia de San Nicolás) me sentí transportado a la edad media, hasta que pasó un tranvía por delante. Gante también es una ciudad con numerosos canales, lo que junto a los majestuosos edificios le da un aspecto muy elegante.

Justo detrás está Sint-Michielskerk (Iglesia de San Miguel). Seguimos caminando en dirección contraria a Sint-Niklaaskerk, para ver el Beaterio de Santa Isabel, una construcción de ladrillo, que junto a los otros dos beaterios de la ciudad fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Dirección norte se encuentra, cerca de un canal, una antigua puerta de la ciudad, muy bien conservada, que con los árboles que caen sobre el agua forma un paisaje bastante bonito.

Bajamos hacia el sur, siguiendo el curso del canal, hasta encontrarnos con la esplendida Fortaleza de Gravensteen, que era el castillo de los Condes de Flandes, el cual fue construido por Felipe de Alsacia en el año 1180. La verdad que es castillo impresiona, más aún al estar situado en medio de la ciudad. Se puede visitar por dentro, pero con carnet joven costaba 6€ (8€ sin él) y decidimos seguir recorriendo la ciudad que tanto nos estaba gustando.

Nosotros sólo vimos el castillo desde la parte de delante y desde la placita de al lado, pero he visto algunas fotos del castillo por Internet desde detrás y están muy chulas, ya que pasa un canal bañando las murallas.

Ese día había un mercadillo en la Plaza Vrijdagmarkt (Plaza del Viernes), aunque ya lo estaban desmontando. En esta plaza encontramos una estatua de Jacobo de Artevelde, quién consiguió que se levantara el bloqueo de importación de lana inglesa a las regiones de Flandes, y así impulsar la industria textil de estas regiones. Sin embargo los ingleses empezaron a incumplir sus promesas y Artevelde fue asesinado. Por eso la estatua tiene el brazo apuntando hacia Inglaterra, que fue la que le llevó a la gloria y después a la muerte.

Seguimos por la calle Belfortstraat, en que encontramos dos edificios de gran valor arquitectónico: el Stadhuis van Gent (Ayuntamiento de Gante) en el que pueden apreciarse distintos estilos en su fachada y que merece la pena ver por dentro, sin embargo estaba cerrado cuando llegamos; y la(Belfort van Gent (torre del campanario). Esta torre tiene gran simbolismo, ya que representa el poder de los gremios de la ciudad, que fueron los que la financiaron. Con su campana se alertaba a los ciudadanos de incendios, avistamiento de tropas enemigas, etc. En la parte más alta hay un dragón dorado que en las fiestas escupía fuego. Debido a esto el dragón se estropeaba mucho, y tenía que ser sustituido por otro cada cierto tiempo. Subimos a lo alto de la torre por unos tres euros (menores de 26), dónde te explican la historia de la torre, la campana, el carillón y el dragón, y además se puede ver toda la ciudad.

Al lado de la gran torre se sitúa la magnifica Catedral de San Bavón, dónde bautizaron a Carlos V, pero que en esa época todavía era de estilo románico, aunque estaba siendo modificada para convertirse en la excelente iglesia gótica que es hoy día. Por dentro es una autentica maravilla. En una pequeña capilla cerca del ábside había un músico tocando el arpa, creando un ambiente mágico que se apreciaba desde cualquier rincón de la catedral debido a su buena acústica.

Tras haber dado un gran rodeo para visitar toda la ciudad volvimos a la espaciosa plaza Korenmarkt, en la que se encuentra la Iglesia de San Nicolás. Ya estaba atardeciendo y quedaba poco más que visitar, así que fuimos a tomar yo un chocolate y Elena un té en la calle Graslei. Es un buen sitio para sentarse en una terraza a tomar algo, porque además de las bonitas fachadas de las casas que hay por ahí, está el canal y la Iglesia de San Miguel.

De vuelta a Lovaina la Nueva, después de bajarnos del tren en el que nos pusieron el aviso en el Go Pass, nos duchamos y cambiamos para ir con los erasmus a tomar unas birras a una cervecería en la que había cientos de tipos de cerveza, bebida que me encanta aunque las belgas no son mis favoritas. El sitio olía a una mezcla de pis y vómito, pero pronto te acostumbrabas. Nos contaron que los belgas tienen unas hermandades (tipo universidades de EEUU) y llevan unos gorritos con pines, cada pin simboliza algún objetivo cumplido, como repetir un año de carrera, llevar más de 4 años en la hermandad, etc. Cuando salen, se hartan de cerveza belga de alta graduación y en vez de arreglarse se «desarreglan» según nos contaban nuestros amigos, porque por lo visto al terminar la noche acaban de mierda hasta arriba.

Una vez cerró el bar, fuimos a una discoteca que no estaba nada mal, pero que por el cansancio que llevábamos encima sólo estuvimos lo que tardamos en tomarnos una copa.

Día 3: Lovaina la Vieja

El domingo nos levantamos algo tarde porque la noche anterior nos habíamos acostado tarde. Hoy tocaba ver Lovaina la Vieja a la que nos iba a acompañar nuestra amiga Elena y un amigo suyo, también de erasmus.

Cogimos el tren sobre las 11 y tardamos poco en llegar, pues las dos Lovainas están cerca. Lovaina es una ciudad pequeñita y el casco histórico se puede ver en poco tiempo. Lo más atractivo de la ciudad es el ayuntamiento de estilo gótico, muy ornamentado. Se encuentra en la Plaza Grote Markt y tiene delante la Iglesia de San Pedro.

Se estaba celebrando un acto en el ayuntamiento por lo que quisimos asomarnos para verlo por dentro y un simpático belga nos invitó a entrar y a tomar una cerveza de la barra libre que había puesto para el acto. El edificio por dentro es sobrio, no tiene nada que ver con su recargada fachada, pero esbelto y amplio. Dentro se encuentra el despacho del Alcalde y algunos objetos históricos, como armaduras, medallas, fotos, etc.

La Iglesia de San Pedro estaba cerrada por lo que no pudimos entrar. Así que seguimos paseando por la ciudad hasta llegar a los campos de deporte de la universidad, donde se puso a llover. Por allí había un palacio que nos quería enseñar Elena, pero que nos costó un poco encontrar. Se trataba del Castillo de Arenberg, hoy día perteneciente a la Universidad de Lovaina.

Ya con algo de hambre, quedamos con el amigo de Elena para ir a comer a un italiano y después seguir los cuatro viendo el resto de la ciudad e ir a Bruselas.

De esta manera seguimos paseando bajo los paraguas, hasta que llegamos a la gran plaza de la Biblioteca Central. La Biblioteca es enorme y dicen que por dentro está realmente bien, lástima que estuviera cerrada. Lo que más llama la atención de la plaza, además de la majestuosa biblioteca, es una aguja gigante con una mosca pinchada en lo alto.

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Ya estaba anocheciendo y no quedaba mucho más que ver en Lovaina, así que cogimos el tren a Bruselas, ara visitar lo más céntrico, como la Grand Place, el Manneken Pis, la Jeanneken Pis y las Galerías Saint Hubert.

Terminamos la noche tomando una cerveza en el Delirium Tremens, cervecería muy famosa de Bruselas, que fabrica su propia cerveza y además ofrece cientos de marcas distintas de cerveza belga. La parte más chula es la planta de abajo, en la que las mesas son barriles, y los techos y paredes están adornados con bandejas de las distintas marcas de cerveza.

Día 4: Bruselas y vuelta a Madrid

El último día que íbamos a estar en Bélgica lo pasamos visitando todo aquello de Bruselas que estaba más alejado del centro y que no habíamos podido ver con anterioridad. Dejamos las maletas en una taquilla de la estación de tren de Bruselas y bien abrigados, pues había nevado durante toda la noche, comenzamos a caminar por la capital.

Hubo que hacer una criba y ver que era lo que nos daría tiempo a ver y lo que no, así que elegimos: el Palacio Real, el Palacio del Cincuentenario (es igual que la Puerta de Brandenburgo de Berlín), la Catedral y el edificio de la Comisión Europea.

Entre otras cosas, lo más importante que no pudimos ver fue la Basílica del Sagrado Corazón, el Atomium y la Iglesia de Notre Dame du Sablon. Aunque dicen que siempre hay que dejar algo por ver para así volver. 

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